domingo, 4 de mayo de 2008






Siempre caminé hacia los prados
donde miles de flores nacen cada mañana,
las amapolas, se balancean al pasar el viento
haciendo mareas de fuego como corazones ardientes
ávidos de amor.
Su color más allá del volcán de mis ojos
se mezclan con el canto de gorrión
y de los trigos verdes, donde se esconden
murmullos de deseo de juventud.
Cada amanecer es diferente en los campos de
la tierra castellana.
Donde tropeles de hombres y mujeres
se preparan para arrancar a la tierra su agua de vida.
Los árboles viejos descansan sobre sus cimientos milenarios
abarcando con sus ramas el cielo de soles del mediodía
que queman con saña.
Pero nada se para.
Hoy el día es largo y la recogida de la simiente apremia,

1 comentario:

Olga S.Isidro dijo...

Aunque ya todo ha cambiado, ya no es igual la siega, ya no es la misma recogida, todo avanza, ya los cánticos no priman.
Bello poema amigo Julián.